Cultivar tus propios alimentos puede parecer una tarea ardua. Pero no necesitas una granja, mucho dinero ni años de experiencia para empezar. Solo necesitas un lugar soleado, un poco de tierra y unas cuantas semillas. Ya sea que tengas un patio trasero, un pequeño balcón o un alféizar soleado, puedes cultivar alimentos frescos de manera orgánica.
Qué significa la jardinería orgánica
La jardinería orgánica consiste en trabajar con la naturaleza, en lugar de contra ella. Los jardineros orgánicos enriquecen el suelo con compost, protegen sus plantas con métodos naturales y cuidan la tierra que les permite cultivar sus alimentos. Estos son los mismos principios que siguen los agricultores orgánicos en las granjas con certificación orgánica. Los huertos caseros no cuentan con certificación, pero puedes aplicar estas prácticas en tu propio espacio.
Empieza por un lugar soleado
La mayoría de las verduras y hierbas necesitan entre seis y ocho horas de sol al día. Tómate un día para observar tu jardín o patio y fíjate dónde incide la luz del sol. Las verduras de hoja verde, como la lechuga y la espinaca, pueden manejar un poco menos de sol, por lo que son una buena opción para lugares con sombra parcial.
Empieza poco a poco
Es tentador plantar todo de una vez, pero un jardín pequeño es más fácil de cuidar y más divertido. Unas cuantas macetas o un pequeño cantero, de aproximadamente cuatro pies por cuatro pies, es más que suficiente para tu primera temporada. Siempre puedes agregar más cuando te sientas más seguro.

Cultiva un suelo sano
Un suelo sano es el corazón de un huerto orgánico. La forma más fácil de nutrirlo es con compost, que se elabora a partir de materia vegetal descompuesta. Puedes comprar compost en una tienda de jardinería o prepararlo tú mismo con restos de frutas y verduras, posos de café, cáscaras de huevo y hojas secas. Hacer compost te ahorra dinero y evita que los restos de comida terminen en la basura.
Si vas a cultivar en macetas, elige un sustrato con aprobación para uso orgánico y asegúrate de que cada maceta tenga agujeros de drenaje. Las cubetas y las latas grandes funcionan bien si les haces agujeros en el fondo.
Elige plantas fáciles de cuidar
Algunas plantas son mucho más fáciles de cultivar para los principiantes que otras. La lechuga, los rábanos, los frijoles verdes, los jitomates, los calabacines y las hierbas como la albahaca y el cilantro son excelentes opciones para empezar. La menta crece rápido y se expande, así que ponla en su propia maceta.
Cada planta crece mejor en una época diferente del año, así que revisa el empaque de tus semillas o ponte en contacto con tu centro de jardinería local o con la oficina de extensión agrícola de tu condado para averiguar qué crece bien en tu zona en este momento.
Cuando compres semillas, busca los paquetes que tengan la etiqueta «orgánico». Un solo paquete suele costar solo unos pocos dólares y con él puedes cultivar muchas plantas. Los intercambios de semillas en bibliotecas y huertos comunitarios son otra forma económica de probar nuevas variedades.

Planta y riega con cuidado
Sigue las instrucciones del paquete de semillas para saber a qué profundidad plantar y a qué distancia unas de otras debes colocar las semillas. Riega abundantemente, pero no con demasiada frecuencia. Temprano en la mañana es el mejor momento, ya que así las plantas reciben agua antes de que llegue el calor del día. Después de plantar, esparce una capa de mantillo sobre la tierra. La paja, las hojas secas o las astillas de madera sirven. El mantillo ayuda a que la tierra retenga el agua y evita que las malezas se propaguen.

Cómo manejar las plagas de manera natural
Revisa tus plantas cada pocos días. Si ves insectos, puedes quitarlos con la mano o enjuagarlos con un chorrito suave de agua. Plantar flores como las caléndulas cerca de tus hortalizas puede atraer insectos beneficiosos, como las mariquitas, que se comen las plagas por ti. Las plantas sanas en un suelo sano también manejan mejor las plagas, así que el esfuerzo que le dedicas a tu suelo vale la pena. Es normal que algunas hojas estén mordidas. Tu huerto es parte de un sistema vivo más amplio.
Cosecha y disfruta
Esta es la mejor parte. Recoge tus alimentos cuando estén listos, y hazlo con frecuencia. Muchas plantas, como los frijoles y las hierbas, siguen produciendo más cuando las cosechas con regularidad. Las verduras frescas, los tomates y las hierbas de tu propio huerto pueden darle sabor a tus comidas y también pueden ayudarte a reducir tus gastos en el supermercado.

¿No estás listo para cultivar? Compra a los agricultores orgánicos locales
Quizás ahora mismo no tengas el espacio ni el tiempo para tener un huerto, y eso está bien. Aún así, puedes apoyar la agricultura orgánica comprando directamente a los agricultores orgánicos locales. Visita la página «Elige lo orgánico» de CCOF en ccof.org/orgánico para saber más sobre los productos orgánicos y descubrir formas de incorporarlos más a tu mesa.
Todo huerto orgánico empieza con un pequeño paso. Elige un lugar soleado, consigue unas cuantas semillas y pruébalo.
